Maritza Núñez

Entrevista de Lady Rojas a Maritza Núñez

Alba de América
6 de mayo 2004

 

Lady Rojas-Trempe .— Me da mucho gusto encontrarte como crítica literaria del trabajo plástico y artístico de dos grandes mujeres, Gabriela Mistral y Frida Kahlo, en este Encuentro Internacional convocado por Roland Forgues, de la Universidad de Pau y de los Países del Adour, sobre “la escritura femenina y reinvindicación del género en América Latina”. Creo que la comprensión de tu propia obra se entronca en una cultura de la revelación que te permite no solamente leer con una nueva visión a las mujeres en la cultura, sino también situarte en medio de esos personajes que actúan, se desdoblan y multiplican para cuestionar sociedades estáticas y figuras estereotipadas. ¿Qué piensas al respecto?

Maritza Núñez .— Sí, así lo siento yo. Personajes como Gabriela o Frida me permiten, a través de mundos complejos como los suyos, profundizar en preguntas esenciales que atañen al ser humano. Me dan la posibiliad de un análisis y cuestionamiento de marcos más amplios. En el caso de Frida me permite enfocar una época importante no sólo para México sino para el mundo entero, pues la obra transcurre en los años 1939–1940, cuando Europa está bajo el poder de cuatro dictadores: Hitler, Mussolini, Franco y Stalin. Es una época en la cual un grupo de artistas e intelectuales en la Casa Azul de Coyoacán, en medio de relaciones humanas de amor, amistad, encuentros y desencuentros, reflexionan sobre problemas esenciales para el artista: ¿cuál es su rol en la sociedad?, ¿puede el compromiso político mantenerse si el precio es la libertad? Pero, más aún, yo creo que hay interrogantes sobre una ética de vida ante la sociedad, ante el universo que nos rodea, ante la vida misma que tiene que ver con cada ser humano. Hay algo que une a todos los personajes, no obstante que en determinados momentos entre ellos hubo confrontaciones radicales. Todos ellos tuvieron el valor de soñar con un mundo mejor, con una sociedad diferente, justa. Aunque cometieran errores y la utopía fracasara, creo que es respetable el hecho de que vivieran sensibles al mundo. A través de personajes como éstos puedo cuestionar, como dices, sociedades estáticas y figuras estereotipadas. Esto último se da también por esa tendencia que tenemos a crear estereotipos inamovibles, íconos. Como escritora resulta tentadora la posibilidad de quebrar el estereotipo para descubrir personajes complejos, humanos. Los personajes se desdoblan, se multiplican; es un rasgo bellamente humano esa convivencia de tantos yo, de tantas identidades.

LR .— ¿De qué manera estos debates alimentan tu propia creación? Me parece sintomático que, por ejemplo, Elena Poniatowska ayuda con sus comentarios a comprender su trayecto por la escritura. ¿Cómo te sitúas frente a la crítica? ¿Piensas que es necesario un diálogo entre los creadores y los intérpretes del arte?

MN .— Creo que se puede dar un diálogo enriquecedor. Un especialista es un lector, y para un escritor resulta atractiva la posibilidad de conocer acerca de la percepción y recepción de su obra. Cada lector es una interpretación, todo libro es leído con una aproximación personal. En lo que al crítico se refiere conocer algunos datos puede permitirle comprender los guiños que aparecen en un libro, y descubrir cosas que sin las pistas que da el escritor quizás no conocería. Sin embargo, esta pregunta nos lleva necesariamente a la antigua discusión de si la obra debe ser analizada en un contexto histórico-social, y si es importante conocer acerca del autor o si, más bien, la obra existe por sí sola y debe ser analizada bajo conceptos estrictamente estéticos.

LR .— Tu producción poética y dramática se nos revela de manera distinta al conocer los motivos de tu literatura y actuación. ¿Puedes opinar sobre las diferencias de géneros que te permiten plasmar tus perspectivas vitales y sociales en los poemas y en la performance teatral?

MN .— Creo que cada personaje, mundo, obra conlleva su género. De pronto crees que vas a escribir un relato y tienes un personaje que se resiste a ingresar a ese espacio, porque habla con un sentido teatral, porque actúa teatralmente y, ni modo, debes respetar su naturaleza. Creo que todo tema puede ser tratado en cualquier género, pero, repito, cada caso es individual y para cada obra hay un género, su género. Por otro lado, la síntesis de géneros puede producir resultados de gran valor estético; me encanta, por ejemplo, que en el teatro haya poesía, música, plástica.

LR .— Si tuvieras que resumir para los lectores de Alba de América unas coordenadas de tu obra realizada en Perú y en Finlandia ¿cómo lo harías? ¿Existe una ruptura por el espacio que te fuerza a situarte?

MN .— Mis poemarios se han gestado de alguna manera en Perú. Después viene el largo encierro de trabajo en ellos, pero han sido engendrados en Lima. Puede ser que el vivir lejos de la ciudad donde nací, mi ciudad, lejos de mi lengua, me hace estar en un estado de especial receptividad y muy sensible cuando visito Lima. Es que el deleite por jugar con la lengua, el placer de oírla minuto a minuto, de reconocer tu mar, tus aromas, tu gente, tus comidas, parte de tu memoria, te empujan al papel. Después el libro va cobrando forma, ingresan otras geografías, otras vivencias. En cuanto a Finlandia, Helsinki es también mi ciudad y aquí vivo la soledad de la creación, escribo, vivo los largos encierros. Aquí me alimento como artista, veo teatro, ópera, ballet, asisto a conciertos, festivales, exposiciones. En cuanto a temas, paisajes, en mi obra también está presente mi parte nórdica. Y el vivir rodeada de esta lengua, el finés, ha dejado huella también en mi obra; en algunos relatos he buscado un lenguaje escueto, concentrado, con imágenes muy condensadas, que sugieren formas del habla finlandés.

LR .— Sé que viajas constantemente entre Europa y América. ¿Es importante para ti que el público peruano o mexicano lean o vean tus obras? ¿En qué medida el contacto con los destinatarios y los auditores marcan el pulso de la evaluación de tu propia creación?

MN .— Para mí es muy importante el contacto directo con el público y el lector sin la recreación que, de alguna manera, implica la traducción. Desde luego, una buena traducción respeta el original, su esencia. Pero es una traducción, al fin y al cabo. Lo siento así también después de haber traducido al español once obras teatrales finlandesas. Aunque te contaré una anécdota. Cuando redescubrí a Dostoievski en ruso –era un autor que ya había leído y releído en español– le decía a Carmen Luz, qué pena no poder leer a los clásicos en sus lenguas originales. Y ella me contestó que no lo viera así, que pensara en cuán grandes son algunos escritores que, incluso, traducidos, siguen siendo grandes. Me resulta vital ese contacto allá, en presente, cuando leo mi poesía, o asisto al montaje de alguna obra teatral; todo ello produce en mí un especial regocijo. Pero es también importante ver de cerca la reacción del público ante mi obra. Esta posibilidad de comunicación me enriquece.

LR .— En el 2003 has editado juntamente con el musicólogo Alfonso Padilla, De pérdidas y contentamientos. Encuentro con el universo de Carmen Luz Bejarano y lo has presentado en Lima, Perú. ¿Puedes comentar cuáles fueron los objetivos de la obra de esa gran escritora peruana que se ha situado en la generación de los 60 sino también la crítica y testimonio de otros escritores peruanos sobre Bejarano?

MN .— Nos parece que la obra y la figura de esta gran escritora y artista debe ser rescatada, conocida. Para los escritores Perú es un país ingrato, pues no tenemos una tradición editorial. Los poetas publican con dificultad; su obra suele aparecer en plaquetas, en ediciones que no se distribuyen. Por eso resulta difícil seguir la obra de un escritor como debería ser, de manera cronológica y sistemática. Esto ocurrió con Carmen Luz. El libro De pérdidas y contentamientos. Encuentro con el universo de Carmen Luz Bejarano –editado por el Instituto Iberoamericano de Finlandia con sede en Madrid–, es un material básico que ayuda al estudio de su obra. En mi caso, difundir la obra de Carmen Luz es una obligación intelectual y artística. Ahora se está preparando un segundo libro, esta vez sólo con ensayos analíticos de su obra. Afortunadamente toda la obra de Carmen Luz, excepto el libreto de ópera La apuesta, está publicada. Sin embargo, sería importante que en un futuro cercano se publique una edición crítica de toda su obra, que incluye poesía, narrativa y teatro.

LR .— Acabas de poner en escena un monólogo dramático titulado Tango solo que lleva a la protagonista de Buenos Aires a París. ¿De qué manera esos saltos espacio-temporales reales e imaginarios traducen tu constante movilidad entre el continente europeo y americano?

MN .— Me resulta difícil encontrar una respuesta, pero pienso que debe haber algo de eso. Aunque, en el caso de Nicole, París es un sueño y soñar es una cualidad de todo ser humano sin la cual la vida se tornaría triste. En mi caso, desde muy chica quería conocer otras tierras, viajar; hay una curiosidad y una necesidad de desplazarme. Eso tiene una dosis de riesgo: un día te das cuenta de que no tienes raíces o las tienes dispersas, y tu mundo interior está dividido.

LR .— Sé que fuiste premiada en España por tu drama Sueños de una tarde dominical. ¿Qué significa concretamente ese tipo de reconocimiento para una escritora, dramaturga y crítica joven como tú?

MN .— Un enorme estímulo, un sentimiento de profunda responsabilidad y un desafío constante.

LR .— ¿Podrías hablarnos sobre tus proyectos artísticos?

MN .— Estoy trabajando en una trilogía dramática que se abre con Tango solo. Además, estoy escribiendo una novela y un nuevo poemario.

LR .— Sé que Mistral y Kahlo atraen tu composición estética. ¿Qué otros escritores o artistas han influido tu propia obra?

MN .— Creo que un crítico puede definir mejor qué influencias tiene mi obra. Un estudioso finlandés, Pekka Toikka, indicaba que en mi trilogía del amor –Amor Vivus, Nocturno y le jardin secret–, se dejaban ver influencias de Giuseppe Ungaretti, los surrealistas, los experimentalistas de los 60 y de formas y esctructuras musicales. El poeta y crítico peruano Manuel Pantigoso indica que mi obra Creatura tiene influencias de Tanguy y de Chirico. Por mi parte, prefiero mencionarte sólo algunos de los artistas cuya obra me resulta cercana. En literatura, los clásicos de la tragedia griega, Safo, Cátulo, Rimbaud, Baudelaire, Blake, Pound, Valérie, Dickinson, el Libro de los Muertos de los egipcios, Li Bo, Dostoievski, Chéjov, Gógol, Lagerqvist. En teatro, Ibsen, Sartre, Camus, Ionesco, Beckett. En la literatura latinoamericana me resultan cercanos Sábato, Cortázar, García Márquez. De los peruanos, Vargas Llosa, Ribeyro, Bejarano. En música Bach, Beethoven, Stravinsky, el Teatro Nô. En las artes plásticas, Miguel Ángel, Rodin, Dalí, Tanguy, Chagall, Picasso. En arquitectura, las contrucciones del Egipto Antiguo, de la Grecia Clásica, los templos de piedra de Kyoto, las construcciones prehispánicas de México y Perú, Gaudí. En cine, los maestros italianos –Rossellini, De Sica, Antonioni, Visconti, Passolini, Fellini, Bertolucci, Scola–, Tarkovski, Bergman, Allen. Me encanta la danza, el ballet clásico y moderno, las danzas orientales, el flamenco, el tango. Por cierto, son muchos los artistas que lo acompañan a uno. Por ejemplo, cuando escribo una obra, me rodeo de reproducciones de pinturas, fotografías, esculturas y espacios arquitectónicos, y de obras musicales que me acompañan durante todo el proceso de creación. Encuentro “vasos comunicantes” entre el mundo que estoy creando y dichas obras. Supongo que es una percepción muy subjetiva. Antes de escribir Sueños de una tarde dominical durante los tres años en que investigué sobre la historia de México, Italia, España, la Unión Soviética, la Segunda Guerra Mundial, etc., me preocupé de estudiar con profundidad la obra de Kahlo, de los muralistas mexicanos, de Tina Modotti, de Breton. Durante el proceso de la creación no fue la obra de ellos, sin embargo, la que me acompañó; y en el caso de la música, no escuché música mexicana sino música egipcia, griega, música tribal de diferentes continentes y los Stabat Mater y Requiem de Pergolesi, Mozart, Verdi, Dvórak, Poulenc, Penderecki, Ligeti y otros.

 

 

Lady Rojas-Trempe , catedrática peruano-canadiense, es doctoraen lengua y literatura españolas. En 1994 fundó en la Universidad de Ottawa la asociación Crítica Canadiense Literaria sobre Escritoras Hispanoamericanas. Ha publicado artículos sobre la narrativa femenina de México, teatro y poesía de Perú, literatura quebequense e hispanoamericana y pedagogía para la enseñanza de la lengua española.

 

 

 

 

 

 

 

©2006 Maritza Núñez